MONASTERIO DE EL PAULAR por Santiago Durán 1/3

Santiago Duran García PROYECTOS Leave a Comment

¿Qué tienen en común El Paular, la Catedral de Toledo, San Juan de los Reyes, Manzanares el Real o El Palacio del infantado de Guadalajara? Pues a primera vista para aquellos que han visitado los tres lugares no demasiado, sin embargo, como suele ocurrir, existe más de un nexo común entre estos edificios, que en parte fueron construidos o habitados en la misma época.

Desde su fundación en 1390, lo que sería el embrión del Paular, fue durante 450 años un monasterio cartujo, habitado por monjes y ermitaños a partes iguales, actualmente, y desde 1954, es una abadía benedictina.

Construido por orden de Enrique II de Castilla, como medio para expiar la culpa cometida al quemar otra Cartuja en Francia durante sus campañas militares, las obras de construcción del cenobio cartujano dieron comienzo en 1390 y se prolongaron durante varios siglos. Fue la primera fundación de la orden de San Bruno en Castilla.. En la actualidad los monjes siguen ocupando una parte del monasterio, la que queda a la izquierda de la iglesia. El palacio se reconvirtió en un hotel.

Las celdas ó “casitas” de los monjes se encontraban alrededor del claustro, cuando la planta se parecía más a la de un monasterio cartujo ideal, a medio camino entre los ermitaños y los monjes.

Los Cartujos persiguen, dada su vocación eremítica, el equilibrio entre la naturaleza solitaria, que se traduce por desierto, y el Espíritu. Conciliaron la soledad individual del ermitaño, con la vida en comunidad, con el cenobio. Cuando San Bruno murió en Calabria, no dejó ninguna regla escrita, sólo un modelo de vida que se reflejó en diferentes escritos. Conmueve leer el régimen de ayunos y comidas por lo estricto de las mismas, desde septiembre a Pascua de Resurrección los cartujos no hacían más que una comida al día, dos el resto del año y aún más duras resultan aquellas condiciones de vida si conocemos el régimen de oración diario con sus Maitines, Laudes, etc.

La celda es el marco natural del cartujo, donde pasa toda su vida en SILENCIO Y SOLEDAD. Las normas de la orden los enseres de la celda, constituidos por la ropa y escasos objetos entre los que se encuentra el jergón, los utensilios para escribir y copiar libros y manuscritos; los utensilios de cocina, los elementos para hacer el fuego; el hacha y la azuela para trabajar en la celda,…. En definitiva sólo se sale de la celda para reuniones en el claustro o en la iglesia.

Inicia las cartujas en España Don Alfonso II, el Casto, rey de Aragón, favoreciendo la fundación de Scala Dei (Tarragona) en 1163. Desde entonces hasta el siglo XVII, se fundaron en España 21 cartujas, que en el panorama europeo supone un grupo de gran personalidad. Todavía se mantienen como cartujas vivas: la de Portaceli (Valencia), Montealegre (Barcelona), Miraflores (Burgos). A modo de ejemplos mencionamos monasterios que fueron cartujas, como la de Jerez (Cádiz), El Paular (Madrid), La Cartuja de Granada etc. Vista del Monasterio de Santa María del Paular.

La Orden Cartujana en España

Somos uno de los países con más fundaciones cartujanas, solo superados por Francia (cuna de la Orden) e Italia (sede del Papado). Desde el año 1194 hasta el 1634, se impulsaron en toda España 22 cartujas, Las 16 de trayectoria más longeva, se distribuyeron: dos en Cataluña, tres en Aragón, tres en Valencia, uno en Baleares, tres en Castilla y cuatro en Andalucía. Una fue fundada en el siglo XII, otra en el XIII, tres en el XIV, siete en el XV, tres en el XVI y una en el XVII.

La Cartuja del Paular, con los años beneficiada por el favor de los reyes, llegó a dominar el rico territorio del valle del Lozoya al completo, cuando éste era territorio segoviano. Reflejo del glorioso pasado histórico de esta fundación es su monasterio que ha llegado hasta nuestros días en estado de conservación bastante notable y que por fortuna hoy puede visitarse. Este singular monumento es producto de una larga historia, en la que se fueron sucediendo distintos momentos de actividad constructiva: desde las primeras edificaciones, realizadas en torno al 1400; desde las obras realizadas, en la segunda mitad del XV, en tiempos de los Reyes Católicos; hasta las posteriores reformas, mejoras y ampliaciones de siglos subsiguientes.

TRES ESTILOS

 Encuadradas dentro del estilo gótico han de mencionarse el llamado claustro primitivo, obra austera y elegante, y la Capilla de los Reyes, ambas situadas cronológicamente hacia el año 1400.

En la iglesia conventual, pueden admirarse muestras de dos estilos artísticos pertenecientes a dos momentos claves de su construcción: el tardo-gótico original y el barroco del siglo XVIII. Los ejemplos más espectaculares del estilo tardo-gótico son la verja de hierro forjado, en la entrada del templo, y el retablo mayor de alabastro, en la cabecera de la iglesia, elaborado posiblemente a partir de un boceto de Juan Guas y terminado a finales del XV, con 17 escenas esculpidas, relativas a la vida de la Virgen y Cristo.

En cuanto a las muestras barrocas de la iglesia, en el siglo XVIII, se hacen visibles al contemplar la decoración del interior de muros y bóvedas y al penetrar en la espectacular Capilla del Santísimo situada detrás del altar.

Colindante con el templo está claustrillo, obra del XVIII ornada por un zócalo de azulejos de Talavera, que centraliza dependencias tan importantes como el refectorio.

Hay que resaltar el gran claustro, armoniosa conjunto, construido entre 1484 y 1486 por el arquitecto de los Reyes Católicos Juan Guas, en torno al cual se sitúan todas las celdas, incluida la prioral. De estilo tardo-gótico y planta cuadrada, está formado por cuatro galerías, cubiertas por bóvedas de crucería, que se abren, a través de bellos arcos conopiales, al interior del patio en cuyo centro se alza un gracioso templete octogonal, ya del  siglo XVII. Para ver una muestra del estilo mudéjar que también aporta Juan Guas hubiéramos tenido que mirar al techo de la Iglesia, con unos artesonados en madera, esas techumbres plantas profusamente decoradas, ahora desaparecidas.

Posterior al terremoto de 1755 destaca el Sagrario o Transparente, del cordobés Francisco de Hurtado, dividido en dos salas barrocas decoradas con jaspes, mármoles, yeserías, tallas, columnas, molduras y pinturas murales que lo convierten en una de las obras maestras de ese periodo.

En cuanto a la ordenación del espacio se distingue entre los monjes (o padres), los conversos (hermanos o legos), y los novicios. Entre la vida cenobítica, la eremítica, y la vida de Obediencia y trabajo, como cocineros, panaderos, zapateros etc.

De acuerdo a esta organización la cartuja cuenta siempre con tres núcleos principales, en torno a tres claustros: el claustrillo, el gran claustro y el patio de la obediencia.

  1. El Claustrillo, de pequeño tamaño, sirve de distribuidor a las dependencias monásticas: la iglesia, la sala capitular, el refectorio y alguna capilla. Como la comunidad cuenta con monjes y conversos, la iglesia también está dividida en dos partes, mediante la espectacular reja obra de forja del fraile Francisco de Salamanca, uno de los conversos que vivieron en la Cartuja y que también realizó obras para la catedral de Burgos y la de Sevilla, con sus correspondiente sillerías de coro. También existen dos salas capitulares y en el refectorio, de la misma manera, se refleja la separación de ambos con un muro y una puerta.
  2. El Gran Claustro alberga el cementerio y agrupa a su alrededor las celdas de los monjes, consta de una sola planta y sus corredores son largos, pues las celdas están alineadas. A estos corredores se asoman las puertas de las celdas, junto a la que se ve la portezuela del torno por la que le hacen llegar la comida y bebida al monje ermitaño. Cada celda cuenta con dos alturas, encontrándose en la planta baja la entrada y el torno, junto con la salida a un pequeño jardín para el monje que conduce a las necesarias dependencias donde se asea. También se encuentra en esta planta la leñera y el taller de carpintería, donde el monje trabaja manualmente. Una escalera sube a la planta alta, entrando en la primera estancia, a modo de antecámara que recibe el nombre de Ave María, y después el llamado cubículo donde se duerme, estudia, come y reza el cartujo.
  3. Patio de la Obediencia, con más contacto exterior. Agrupa los distintos talleres y almacenes que el procurador vigila y ordena siempre bajo el espíritu de silencio.

JUAN GUAS.

Juan Guas (Normandía, Francia;1430Toledo, España; 1496) es el punto común, arquitecto, maestro de cantería y escultor español sirve de nexo entre los monumentos nombrados en el punto anterior que hizo numerosas intervenciones en Castilla a finales del siglo XV durante el reinado de los Reyes Católicos. Es, sin duda, uno de los mejores representantes del gótico tardío y del denominado gótico toledano, heredero del gótico flamígero. Entre las primeras obras en las que trabajó se encuentran las catedrales de Ávila y Segovia. Durante unos veinte años (1471-1491) trabajó en Segovia donde realiza numerosas intervenciones., a la vez que dirige las Obras de El Paular. Pero la obra más representativa de Guas es el convento franciscano de San Juan de los Reyes, en Toledo, mandado construir por Isabel La Católica para recuerdo del triunfo de la batalla de Toro. Un gran dibujo de este edificio, realizado por el propio Guas, se conserva en el Museo del Prado.

Guas es el máximo representante del llamado estilo Isabelino, entre cuyos edificios civiles se encuentra el Palacio del Infantado, de Guadalajara, la galería del castillo de los Mendoza en Manzanares el Real, el castillo de Belmonte, el castillo de Miranda, el colegio de San Gregorio en Valladolid, el atrio y la portada de la iglesia y del claustro de los monjes del Monasterio de Santa María de El Paular y la desafortunadamente desaparecida Hospedería Real de Guadalupe, provincia de Cáceres.
Su primera juventud trabajó, junto a su padre y, a las órdenes y bajo la enseñanza del Maestro Hanequin de Bruselas en la construcción de la Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo, donde se forma como cantero y escultor.
Bajo la enseñanza del Maestro Hanequin de Bruselas y de su propio padre Pedro Guas aprende la arquitectura al estilo flamenco, como en esta portada Toledana donde se unen curva y contra curva, la exaltación heráldica de los escudos en las portadas “fachada», que no muestran la arquitectura interior. Pero está viviendo en Toledo y a la enseñanza flamenca de su maestro Hanequin Egas une la del mudéjar Toledano, llena de cubiertas artesonadas, azulejos, yeserías y ladrillo, Juan Guas es toledano a partir de sus orígenes normandos.

La reina Isabel acierta cuando nombra a Juan Guas su Arquitecto Mayor. Mientras tanto, en el Real de Manzanares se está construyendo el castillo-palacio de don Íñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana. El castillo-palacio no acababa de tornar carácter; parecía más castillo que palacio. Juan Guas construye la galería alta, decorada con bolas, que es uno de los más bellos inventos arquitectónicos de la época de los Reyes Católicos.
Tras la victoria de Toro, la Reina Isabel le encarga en Toledo una iglesia que fuera a la vez Colegiata y concatedral, y sirviera de panteón de los Reyes de Castilla. El Monasterio de San Juan de los Reyes es el destinado a servir de tumba a los Reyes Católicos, que finalmente reposarán en la Granada que tanto les costó someter.

Juan Guas pone manos a la obra en Toledo. Deja sin concluir o interrumpe su vigilancia continua, confiando la conservación a sus ayudantes, parte del claustro de la catedral vieja de Segovia, que luego se trasladará piedra a piedra a la nueva, la capilla mayor del monasterio de El Parral, y la obra del Monasterio del Paular.
Mientras dirigía las obras de la catedral segoviana, supervisaba frecuentemente las Obras del Paular, su portada, formada por tres arquivoltas ojivales prolongadas por finas columnillas con capiteles vegetales enmarcadas por un gran arco conopial sobre pilastras rematado por florón, con rica decoración con esculturas de santos, motivos vegetales y animales y otros temas decorativos.

Al acabar San Juan de los Reyes, realiza el mejor ejemplo conservado del arte hispano-flamenco, el arte de la España de los Reyes Católicos.
Juan Guas se queda por entonces en Toledo y el segundo Duque del Infantado, nieto del Marqués de Santillana, le confía la construcción de su palacio en Guadalajara. El Palacio del Infantado en Guadalajara es obra de madurez de Juan Guas, que acaba de cumplir cincuenta años. Edificio gótico, pero toledano, con una galería corrida sobre la fachada con adorno de mocárabes. En el edificio se mezcla magistralmente el mudéjar, las ventanas góticas con garitones salientes. Y adorno de puntas de diamante, característico de las obras de Juan Guas. La portada del Palacio del Infantado es descentrada y con columnas. El escudo de la casa ducal está sostenido por dos figuras de salvajes, motivo que nos recuerda otra obra suya, en Ávila, en la plaza junto a la puerta de la Catedral, en una casa señorial que flanquean dos salvajes de piedra con sus mazas.
Y poco después Juan Guas es requerido por la Reina que vaya a Córdoba y a Sevilla. El Arquitecto Mayor de Castilla construye en Jaén el palacio del Marqués de Javalquinto en la localidad de Baeza, por los caminos de ese país que está por crearse.
Otras de sus obras fue la primera galería del patio de armas del Castillo de Cuéllar, realizada a mediados del siglo XV. También se considera que, muy probablemente, llevó a cabo la construcción del Castillo de Jadraque y el de Palazuelos en Guadalajara.

Juan Guas está retratado con su mujer en una pintura al fresco en el muro de la capilla familiar en la iglesia de San Justo, en su Toledo natal. Tiene Juan aspecto de hombre recio, trabajador, cabeza noble, de facciones bien talladas, boca grande, y expresión bondadosa y humilde, buena persona, suele decirse.

Aparece mirando al espectador, con ojos vivos, despiertos a los que le rodea, sabiendo que ha trasladado lo mejor de su saber y su oficio a sus obras, tan grande, tan humilde, tan trabajador, tan leal a la reina Isabel como para dejarlo todo por cumplir sus deseos. Satisfecho de haber cumplido con su deber por hacer las cosas lo mejor que pudo, ahí está la prueba, nuestros ojos pueden seguir contemplando algunas de sus mejores obras.

Santiago Durán García
Arquitecto Técnico (UPM)
MDI Máster En Dirección Inmobiliaria (UPM)
EEM Gestor Energético Europeo (UPM European Energy Manager)
T/f 918.433.646 M. 618.519.717
www.sduran.es
 santiagodurangarcia@gmail.com/ s.duran@sduran.es

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